domingo, 20 de marzo de 2011

Llegó la noche...

Llegó la noche y me encontré de nuevo sin ti, respiré profundo, cerré mis ojos y los abrí de nuevo, esperando que al mirar estuvieras allí y que tu ausencia sólo fuese parte de un mal sueño. 


Llegó la noche y mis brazos perdieron fuerza, busqué tu cuerpo junto al mío y sólo encontré mis almohadas. Quise encontrar en ellas lo genuino de un abrazo que sale de ti y estuve a punto de encontrarlo, pero ¿A quién engaño? No tienen tu aroma, no tienen tu calor, ellas no tienen los latidos de tu corazón.


Llegó la noche y con ella el insomnio, quién se quedó sin avisar e hizo larga la espera. Llegó la noche de nuevo, y la noté oscura, sin luz, ¿O es que acaso siempre ha sido oscura, pero tú la llenabas de luz?. 


Llegó la noche y llegó sin ti, le advertí que no volviera si no era contigo, pero llegó de nuevo y tú no estabas. Que absurda es la noche, que osada es al pretender ser hermosa sin ti. Acepté su compañía, a pesar de ser tan fría. Pero le dejé muy en claro que si quería ser hermosa y brillar a pesar de su oscuridad, más temprano que tarde debía regresar contigo. 


Llegó la noche y con ella la esperanza de encontrarte un día de nuevo entre mis brazos.

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