Estamos envueltos en una sociedad donde la inseguridad está a la vuelta de la esquina, sin quererlo quedamos expuestos a ser víctimas de eventos desagradables que nos dejan una huella en el recuerdo. Tantas veces leí en el periódico noticias que decían, asesinan a x persona por robarle el celular ó van 50 secuestros en lo que va de año; ¡Qué irónica es la vida! Nunca pensé que esa realidad pudiese estar tan cercana a mi.
Es fácil recordar como ocurrió todo, claramente se van dibujando en mi mente aquellos momentos de angustia y temor por enfrentar una experiencia como esa; quizás estar en este momento cerca de Dios me ha permitido aceptar las cosas.
Aquella noche venía conversando con mi papá y mi hermano en el carro mientras llegábamos a la casa, desde que salí de mi practica de natación tenía un extraño cosquilleo en mi estomago, pero no le di la mayor importancia. Al llegar a mi casa observé la presencia de una persona extraña en la entrada que se encontraba hablando con mi abuela; sin bajarme del carro le comenté a mi papá que me parecía extraño ese señor que estaba allí parado, pero mi hermano bromeando dijo: “no seas paranoica, debe ser alguien preguntado por la computadora que estoy vendiendo.”
Sin más tardar me bajé del carro y caminé hacia la entrada de mi casa, pero cuando estaba en la mitad de la calle me devolví, porque ahora, además de este hombre extraño había una camioneta estacionada en la esquina con las luces intermitentes, me acerqué al carro y le dije a mi papá que todo estaba muy raro; pero mi advertencia llegó muy tarde, antes que mi papá pudiese hacer algo el hombre estaba cruzando la calle apuntando en dirección a él.
“Dame las llaves y bájate del carro” decía mientras seguía apuntando a mi papá, en su rostro se veía su inexperiencia, era solo un joven temeroso cometiendo un asalto. Como pude caminé hacia donde estaba mi hermano, no sabía que hacer, los nervios me tenían bloqueada, veía con temor como tenían a mi papá, me sentía maniatada pues no podía hacer nada más que observar.
Mi papá le dijo miles de veces que se calmara, que tomara las llaves, pero que no lo fuese a matar. Violentamente nos apuntó a mi hermano y a mí, y nos ordenó entrar a la casa, “caminen rápido y no se pongan payasos si no quieren que mate a su viejo”. Nosotros entramos, pero el carro no encendía y el ladrón se desesperaba cada vez más, bajó del carro y le dijo a mi papá que se montara y manejara él. Apenas rodó el carro la camioneta blanca que estaba en la esquina se fue detrás.
No sabía que pensar, estaba en el frente de mi casa tirada en el piso, llorando abrazada con mi hermano y mi abuela, no podía entender por qué no se llevaron sólo el carro y a mi papá lo dejaron con nosotros, que noche tan oscura y fría, ¡Qué noche aquella! Las horas pasaban una detrás de la otra, y seguíamos sin saber nada de mi papá.
Hoy, cuando ya ha pasado un año de lo ocurrido, estamos aquí en esta iglesia, haciendo una misa en honor a mi padre, aquel joven inexperto no supo controlar sus nervios y le disparó en la sien quitándole la vida de inmediato. Cada día recuerdo a mi papá, recuerdo todos sus consejos, incluso sus regaños, no puedo evitar sentir rabia y rencor hacia quien lo quitó de mi camino.
Ahora entiendo lo que es pasar por esto, pero que terrible manera de descubrir que la inseguridad es una carta de azar que un día te puede tocar. Hoy solo me queda encomendarme a Dios y pedirle que nos proteja de este tipo de flagelos, pedirle por esos delincuentes porque no saben lo que hacen y pedirle que mi padre este en completa paz; pero sobre todo, pedirle para que mi país pronto sea un lugar donde podamos convivir sin temor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario