viernes, 6 de mayo de 2011

La inseguridad, una carta de azar que un día te puede tocar.

         Estamos envueltos en una sociedad donde la inseguridad está a la vuelta de la esquina, sin quererlo quedamos expuestos a ser víctimas de eventos desagradables que nos dejan una huella en el recuerdo. Tantas veces leí en el periódico noticias que decían, asesinan a x persona por robarle el celular ó van 50 secuestros en lo que va de año; ¡Qué irónica es la vida! Nunca pensé que esa realidad pudiese estar tan cercana a mi.

            Es fácil recordar como ocurrió todo, claramente se van dibujando en mi mente aquellos momentos de angustia y temor por enfrentar una experiencia como esa; quizás estar en este momento cerca de Dios me ha permitido aceptar las cosas.

            Aquella noche venía conversando con mi papá y mi hermano en el carro mientras llegábamos a la casa, desde que salí de mi practica de natación tenía un extraño cosquilleo en mi estomago, pero no le di la mayor importancia. Al llegar a mi casa observé la presencia de una persona extraña en la entrada que se encontraba hablando con mi abuela; sin bajarme del carro le comenté a mi papá que me parecía extraño ese señor que estaba allí parado, pero mi hermano bromeando dijo: “no seas paranoica, debe ser alguien preguntado por la computadora que estoy vendiendo.”

            Sin más tardar me bajé del carro y caminé hacia la entrada de mi casa, pero cuando estaba en la mitad de la calle me devolví, porque ahora, además de este hombre extraño había una camioneta estacionada en la esquina con las luces intermitentes, me acerqué al carro y le dije a mi papá que todo estaba muy raro; pero mi advertencia llegó muy tarde, antes que mi papá pudiese hacer algo el hombre estaba cruzando la calle apuntando en dirección a él.

            “Dame las llaves y bájate del carro” decía mientras seguía apuntando a mi papá, en su rostro se veía su inexperiencia, era solo un joven temeroso cometiendo un asalto. Como pude caminé hacia donde estaba mi hermano, no sabía que hacer, los nervios me tenían bloqueada, veía con temor como tenían a mi papá, me sentía maniatada pues no podía hacer nada más que observar.

            Mi papá le dijo miles de veces que se calmara, que tomara las llaves, pero que no lo fuese a matar. Violentamente nos apuntó a mi hermano y a mí, y nos ordenó entrar a la casa, “caminen rápido y no se pongan payasos si no quieren que mate a su viejo”. Nosotros entramos, pero el carro no encendía y el ladrón se desesperaba cada vez más, bajó del carro y le dijo a mi papá que se montara y manejara él. Apenas rodó el carro la camioneta blanca que estaba en la esquina se fue detrás.

            No sabía que pensar, estaba en el frente de mi casa tirada en el piso, llorando abrazada con mi hermano y mi abuela, no podía entender por qué no se llevaron sólo el carro y a mi papá lo dejaron con nosotros, que noche tan oscura y fría, ¡Qué noche aquella! Las horas pasaban una detrás de la otra, y seguíamos sin saber nada de mi papá.

            Hoy, cuando ya ha pasado un año de lo ocurrido, estamos aquí en esta iglesia, haciendo una misa en honor a mi padre, aquel joven inexperto no supo controlar sus nervios y le disparó en la sien quitándole la vida de inmediato. Cada día recuerdo a mi papá, recuerdo todos sus consejos, incluso sus regaños, no puedo evitar sentir rabia y rencor  hacia quien lo quitó de mi camino.

            Ahora entiendo lo que es pasar por esto, pero que terrible manera de descubrir que la inseguridad es una carta de azar que un día te puede tocar. Hoy solo me queda encomendarme a Dios y pedirle que nos proteja de este tipo de flagelos, pedirle por esos delincuentes porque no saben lo que hacen y pedirle que mi padre este en completa paz; pero sobre todo, pedirle para que mi país pronto sea un lugar donde podamos convivir sin temor. 

 [Relato basado en la experiencia de unos amigos.]


lunes, 4 de abril de 2011

Emergencias de hospitales, una mirada a la realidad.


Miradas impacientes, miradas cansadas que buscan una respuesta, quizás un consuelo. Todos esperan, nadie dice nada. ¿Quién puede entender lo que sienten? ¿Quién puede saber lo que ronda en sus cabezas? No es fácil ponerse en los zapatos del otro.


         El reloj sigue caminando, la tarde va cayendo y los rayos del sol indican que el día casi termina. En las afueras del Hospital Universitario de Maracaibo todo sigue igual; las mismas miradas, la misma angustia.

Sin embargo en un rincón cercano a esa fría realidad, algo parece ser distinto, son las personas que han hecho del lugar su segundo hogar, y que con sus ocurrencias le dan un toque de alegría a las personas que pernoctan allí; desde el señor que vende café hasta María una peruana que llegó a Venezuela con ilusiones de superación y que vende pasatiempos.

María no duda en hablarte de cómo llegó al país, de contarte que casi se graduó de periodista y de echarte uno que otro chiste para entretenerte; es increíble, pero por un momento hace que te olvides de la situación que te rodea.

De repente caes de nuevo en la realidad, el sonido casi ensordecedor de una ambulancia y los gritos de unas personas te hacen darte cuenta que algo no está bien, un caso más de los tantos que llegan a diario, una persona herida, quizás un quemado o alguien con un dolor, todo puede ser.

              Así se desarrolla el día a día en las emergencias de los hospitales; por momentos solitarias, calladas, escondiendo una verdad, y en ocasiones ajetreada, vestida de temor e incertidumbre, dejando ver que no todo es alegría. 

domingo, 20 de marzo de 2011

Llegó la noche...

Llegó la noche y me encontré de nuevo sin ti, respiré profundo, cerré mis ojos y los abrí de nuevo, esperando que al mirar estuvieras allí y que tu ausencia sólo fuese parte de un mal sueño. 


Llegó la noche y mis brazos perdieron fuerza, busqué tu cuerpo junto al mío y sólo encontré mis almohadas. Quise encontrar en ellas lo genuino de un abrazo que sale de ti y estuve a punto de encontrarlo, pero ¿A quién engaño? No tienen tu aroma, no tienen tu calor, ellas no tienen los latidos de tu corazón.


Llegó la noche y con ella el insomnio, quién se quedó sin avisar e hizo larga la espera. Llegó la noche de nuevo, y la noté oscura, sin luz, ¿O es que acaso siempre ha sido oscura, pero tú la llenabas de luz?. 


Llegó la noche y llegó sin ti, le advertí que no volviera si no era contigo, pero llegó de nuevo y tú no estabas. Que absurda es la noche, que osada es al pretender ser hermosa sin ti. Acepté su compañía, a pesar de ser tan fría. Pero le dejé muy en claro que si quería ser hermosa y brillar a pesar de su oscuridad, más temprano que tarde debía regresar contigo. 


Llegó la noche y con ella la esperanza de encontrarte un día de nuevo entre mis brazos.

martes, 8 de marzo de 2011

Con M de Mujer...

         Mujer,  palabra corta, pero de gran significado e importancia en la vida de todos. Mujer, palabra escrita con M de Maravilloso ser que irradia simpatía. Con U de Única en todos sus sentidos, única ante el mundo, única por su entrega a lo que ama. Con J de Jovial a pesar del paso de los años, pues la edad que refleja es la edad de su corazón. Con E de Excepcional, elegante, emprendedora, echa'a pa' lante. Y con R de Risueña, pues se muestra al mundo con una sonrisa imponente, abriendo paso a su camino, a lo que quiere, a lo que sueña.

            Mujer, esa que te dio la vida y enrumbó tu camino, esa que te escucha y te aconseja, la que vela tu sueño y te da los buenos días, la que espera en silencio, pero sabe cuando hablar, la que oculta sus miedos sólo para darte protección y calma. Así es la mujer, y la mujer venezolana no es la excepción de la regla. Mujeres del día a día, mujeres con guáramo y luchadoras, que no le temen a enfrentarse a cualquier reto que les presente la vida. 

      Mujeres de 24/7 que trabajan sin descanso por mantener a su familia, sin importarles cuanto les cueste, cuan fuerte sea el trabajo, pues están seguras que su recompensa será mejor, lograr la felicidad de quienes aman es un premio que no tiene precio. Estudiantes, profesionales, amas de casa, todas son mujeres extraordinarias con grandes virtudes que las hacen lucir ante el mundo como pieza fundamental en cada lugar, como el complemento a sus vidas y es que ¿Qué sería del mundo sin la mujer? sin su carisma, inteligencia, ternura, sin su belleza y sensualidad, sin su toque de locura, para muchos es difícil comprender a la mujer, algunos consideran que es imposible, pero si realmente miramos profundamente a los ojos de una mujer podremos comenzar a comprender lo que esconde su interior, aunque sea un poco, lo que quieren gritarle al mundo con sus acciones. ¡Mujeres, que grande es la creación! Feliz Día para ustedes, no sólo hoy, sino todos los días que luchan sin cesar.